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Claro que no hab�a un �pice de demagogia. En el pasado no tan remoto de las dictaduras militares latinoamericanas, digamos entre 1970 y mediados de los 80, las acciones eran ejecutadas con la proverbial frialdad castrense. El aparato funcionaba con un alto grado de eficacia. Claro, entre otros lubricantes estaba la CIA y, si era el caso, el entero gobierno estadounidense. En la �poca, la justificaci�n "moral" de las masacres era la guerra fr�a: �c�mo abandonar a un continente que pod�a caer en manos de los adversarios del Imperio? �C�mo permitir que el "traspatio" estadounidense se perdiera para la democracia? �C�mo doblegarse ante los que amenazaban el fluir del mercado libre? El remedio estaba al alcance de la mano: servirse de los "l�deres" de algunas generaciones de militares ya entrenados en los "laboratorios" respectivos a lo largo y ancho del continente, inclusive en Estados Unidos, para que ellos fueran los encargados no s�lo de meter en cintura a los disidentes y "antisist�micos" sino de liquidarlos, llegado el caso. Todav�a una explicaci�n preliminar: �por qu� recordar las dictaduras latinoamericanas de hace 25 o 30 a�os? �Qu� nexos puede tener con el presente? Debo decir que el comentario est� vinculado al libro de Stella Calloni, la brillante periodista argentina, y al hecho de que habr�a muchos signos de que algunas de las experiencias de aquella siniestra "Operaci�n C�ndor: Pacto Criminal" latinoamericano parecen actualizarse en diversos rincones del mundo. No como en la batalla anticomunista de la guerra fr�a sino ahora en la "guerra contra el terror" que, en m�s de un sentido, se asemeja a aquellas batallas porque tambi�n tiene por objeto la liquidaci�n de los cr�ticos y opositores m�s activos de los intereses estadounidenses globalizados. La persecuci�n de los enemigos del Imperio est� a la orden del d�a, puede recrudecerse en cualquier momento y nada impide que cobre formas conocidas del pasado. Por eso resulta �til volver a las lecciones anteriores de la historia. En una definici�n apretada la Operaci�n C�ndor se sintetiza as�: es el nombre secreto de la fuerza multinacional en la que intervinieron los servicios de inteligencia de pa�ses sudamericanos -Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia y a partir de un momento Per�-, que tuvo como objetivo el intercambio de informaci�n acerca de personas "subversivas" residentes en dichos pa�ses, as� como la cooperaci�n para perseguirlas a trav�s de las fronteras nacionales. La Operaci�n C�ndor permiti� a las fuerzas armadas y paramilitares de los pa�ses del cono sur desplazarse libremente en el territorio de otros para secuestrar, desaparecer o asesinar a los ciudadanos considerados sediciosos. La Operaci�n C�ndor fue creada en Chile. Augusto Pinochet y el general Manuel Contreras, jefe de la DINA (Direcci�n de Inteligencia Nacional), concibieron y organizaron esta operaci�n, cuya tarea principal fue la recolecci�n, el intercambio y el almacenamiento de datos de inteligencia relacionados con los activistas de izquierda, con el fin de eliminarlos. Resulta casi imposible fijar en cifras el n�mero de v�ctimas que arroj� esa alianza criminal, pero los c�lculos m�s confiables la sit�an entre 60 y 80 mil. La documentaci�n que precisa las caracter�sticas de la Operaci�n C�ndor fue encontrada en Paraguay, a finales de 1992, por los esfuerzos del abogado Mart�n Almada, que conten�a casi al detalle los pormenores del delirio asesino del general Alfredo Stroessner, dictador durante 35 a�os del pa�s sudamericano. Mart�n Almada hab�a sido v�ctima de la crueldad del r�gimen de Stroessner, habiendo decidido dedicar su vida a hallar los siniestros secretos de tales a�os. Tal masa de documentos fue llamada los "Archivos del Terror". Una reuni�n que tuvo lugar en Santiago de Chile entre el 25 de noviembre y el 1 de diciembre de 1975, podr�a considerarse el punto de partida formal de la Operaci�n C�ndor, naturalmente con pleno conocimiento y apoyo de la CIA, dirigida en ese momento por George Bush padre y, claro est�, con la aprobaci�n y sost�n del secretario de Estado Henry Kissinger (quien fue el brazo ejecutor de las pol�ticas golpistas del depuesto presidente Richard Nixon, y principal art�fice de las sangrientas dictaduras del cono sur durante esos a�os). Seg�n informes legales, en el �mbito de la Operaci�n C�ndor se cometieron los asesinatos del ex vicepresidente y general chileno Carlos Prats y de su esposa, en Buenos Aires, y del ex canciller chileno Orlando Letelier y de su secretaria de nacionalidad estadounidense Ronni Moffit, en el "barrio de las Embajadas" en Washington; del ex presidente de Bolivia, general Juan Jos� Torres, en Argentina; y de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y H�ctor Guti�rrez Ruiz, as� como de Agust�n Goybur�, dirigente del Movimiento Popular Colorado de Paraguay. Habr�a todav�a abundantes datos que conducen a las muertes del presidente de Panam�, Omar Torrijos, y Jaime Rold�s, de Ecuador, pero eso ser� en otro momento. Escritor y analista pol�tico
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