María
- El profesor Ismael me dijo que ya no puedo trabajar más con él - dijo Iris, sin rodeos, después de algunos minutos en los que ambas estuvimos sentadas frente a frente, en lados opuestos del escritorio - lo siento mucho, nunca quise causar problemas, es solo que… - la chica suspiró con fuerza, de una manera tan lamentable que me fue imposible no sentir un poco de pena por ella - he admirado a su marido por mucho tiempo, incluso desde antes de que me diera clases, porque leía sus libros de principio a fin y… esa forma de expresarse, esa manera como… - se detuvo una vez más, con su vista clavada en algún lugar de mi escritorio, mostrando un rostro hinchado de tanto llorar - nunca fue mi intención intentar que su matrimonio se rompiera, solo quería ser parte de su vida, no solo en el trabajo, quería estar con él, que me quisiera de alguna forma, poderle decir que lo quería y… lo siento, no debería decirle esto, usted es su esposa y seguramente está pensando cosas horribles de mí, pero… es que estoy muy triste por apartarme de su esposo y…
- ¿Te enamoraste de Ismael? - pregunté, sorprendiéndome un poco al escuchar la excesiva dureza con la que aquellas palabras fueron pronunciadas, observando cómo esa chica levantaba la cabeza y me miraba con los ojos muy abiertos, antes de que se entregara a un llanto tan doloroso que no pude evitar sacar una caja de pañuelos y colocarla frente a ella, sintiendo pena por el inmenso dolor que esa chica estaba sintiendo, entendiendo a la perfección que la muchacha había caído rendida ante los encantos de aquel hombre a quien tanto idolatraba.
- Jamás me propuse que algo así pasara, de hecho, cuando apliqué para ser su maestra adjunta, ni siquiera se me pasó por la cabeza que podría… bueno, que estaría íntimamente con él - dijo mientras su rostro se ponía muy colorado - luego comenzamos a estar todo el día juntos y escuchaba sus anécdotas, sus opiniones acerca de un montón de temas y… y… no pude controlarlo, simplemente pasó, sin que me lo propusiera, solo ocurrió y… y sé que esto se terminó, lo acepto y lo entiendo; sé que debó buscar a otro profesor que me acepte como su adjunta, pero no puedo despedirme así de él, no quiero irme solo así, después de que me mirara como un error, como si el estar juntos no hubiera sido nada más que una horrible equivocación - dijo la chica, empezando a darme pistas de por dónde iba la cosa, de qué fue lo que en realidad la motivó a visitarme en mi oficina, a cometer aquel acto desesperado de confrontar a la mujer del hombre que amaba con tal de obtener quizás algunas migajas de todo lo que ella hubiera deseado que pasara - sé que debo salir de su vida y de la vida de su esposo, eso lo entiendo, pero por favor, le suplico que me deje estar una vez más con él, que me deje despedirme del profesor. Le prometo que no planeo nada raro, solo quisiera que la última vez que estuviéramos juntos fuera algo lindo y no una despedida amarga, solo quiero tener un último recuerdo hermoso de su esposo, no me importa lo que me cueste ni las condiciones que usted quiera ponerme para que ello pase, pero, por favor, yo… solo me gustaría que las cosas no terminaran tan mal como lo están haciendo.
Fue el contenido de sus palabras y la clase de cosas que me sugerían, lo que de pronto me hizo mirarla con ojos distintos, no como la chica lastimada que suplicaba un poco de cariño de un hombre que no le pertenecía, sino como aquella mujer con la capacidad de complacer a mi esposo, esa que estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de estar unos minutos más con él; una idea que me llevó inevitablemente a imaginarla teniendo sexo con Ismael, haciéndole el amor con su boca, gimiendo mientras mi esposo la poseía hasta el cansancio; escenas que de manera inevitable me llevaron a pensar que quizás una última vez entre esos dos no sería algo tan malo, que tal vez incluso podría resultarme placentero contemplar a mi marido teniendo sexo con esa hermosa jovencita, una conclusión que me inquietó cuando me di cuenta de que Iris también lograba despertar algunos deseos en mi interior, que me hacía querer estar con ella, besar sus labios y conocer su cuerpo desnudo, saber lo que podía hacer con mi cuerpo, un pensamiento que de pronto me dio un poco de miedo dada la razón de que esa chica estuviera ahí, ante el hecho de que incluso mi marido hubiera preferido no volver a estar cerca de ella en lugar de tomarse un tiempo para pensar las cosas como yo se lo había pedido, como si esa chica representara una tentación tan grande que prefería alejarla a ser traicionado por sus propios impulsos.
- No lo sé, Iris, tengo mucho que pensar y no estoy segura de que el resultado de todo esto te favorezca, me llevará un tiempo decidir si quiero que estés de nuevo con mi marido - contesté, de nuevo con esa frialdad en mi voz que me erizó la piel y a esa chica la hizo agachar la cabeza una vez más, mientras yo tomaba mi celular, abría la aplicación de contactos y se lo extendía - apunta tu teléfono y tu correo electrónico. En unos días te comunicaré mi decisión, sea la que sea ¿De acuerdo? - ella asintió mientras tecleaba algo en mi celular, antes de regresarme el aparato y ponerse de pie, un gesto que imité para luego acompañarla a la puerta, donde la chica dio media vuelta y me miró a los ojos.
- Lamento mucho cómo pasaron las cosas, profesora, de verdad que nunca fue mi intención ser una molestia. Gracias por escucharme. Estaré esperando noticias suyas - se despidió, marchándose de inmediato, dejándome sola en una oficina donde me quedé algunos minutos sentada para pensar las cosas con mayor detenimiento, una tarea que con el pasar del día me di cuenta de que resultaba completamente inútil, pues si bien sentía mucha pena por esa chica y en cierta medida podía entender cómo se sentía, mi empatía por ella no era tanta como para poner en riesgo mi matrimonio con Ismael.
La verdad es que aquella plática me había tomado por sorpresa y más aún cuando noté lo mucho que esa mujer me atrajo en cuando la imaginé teniendo sexo con mi esposo, un factor que cargó la balanza a su favor y que me hizo entender que no estaba segura de nada más allá de lo que me hizo sentir, experimentando el impulso de hablarlo con mi marido, de saber qué era lo que opinaba y conocer su versión de la historia; sin embargo, más tarde, cuando regresé a casa y me encontré con Ismael, no fui capaz de decirle una sola palabra con respecto de aquella visita que me hizo su maestra adjunta, porque… bueno, en realidad no sé por qué no se lo dije, pero me molestaba el hecho de que él supiera lo que esa chica me hizo sentir, que de alguna manera me hubiera sentido tan atraída por la misma mujer que al parecer estaba muy enamorada de mi esposo.
- ¿Qué tal estuvo tu día cariño? - lo saludé, abrazándolo por la espalda mientras él terminaba de calentar la cena y la servía en un par de platos.
- Muy bien, mi amor. En realidad te tengo una sorpresa - dijo con ese todo lleno de complicidad y malicia, haciendo que por un momento abandonara mis pensamientos con respecto de Iris y me concentrara en lo que fuera que ese hombre tuviera que decirme.
- ¿En serio? ¿De qué se trata? - pregunté, mientras mi marido dejaba los platos en la mesa de la cocina y me hacía sentarme a la mesa para cenar.
- ¿Recuerdas lo que me pediste que hiciera cuando estuviera con tu amiga, con Estela? - preguntó, con una sonrisa en el rostro, una que por cierto no tenía ese brillo que solían reflejar sus ojos cuando me contaba algo que lo había hecho feliz.
Sonreí, aunque creo que también lo hice de una manera apagada, pero fingiendo que nada pasaba, que de verdad estaba interesada en lo que tenía que decirme y no así en todo ese asunto de su maestra adjunta junto con todas las escenas que mi impetuosa cabeza había creado donde ella y yo disfrutábamos juntas del cuerpo de mi marido.
Debo admitir que me costó mucho trabajo concertarme lo suficiente como para recodar qué demonios le había pedido que hiciera, algo que me llevó un par de minutos.
- ¡Claro! ¡Te pedí que se grabaran y…! ¡Carajo! ¿Lo hiciste? ¿De verdad lo hiciste? - le pregunté, sorprendiéndome mucho en realidad, pues si bien sabía que Estela aprovecharía la más mínima oportunidad que tuviera para estar con mi marido, la verdad es que no creí que aquello pasara tan rápido.
Ismael asintió, provocando que mi cuerpo reaccionara, que una vez más sintiera esa rica mezcla de morbo, placer y celos que comenzaba a ser una constante en mi vida, una que por cierto disfrutaba demasiado, sin importarme lo raro que pudiera parecer el sentirme tan cachonda cuando sabía que mi esposo había estado con otra mujer.
- Entonces terminando de cenar tenemos una cita en la alcoba cariño - dije, tratando de imprimir en esas palabras un tono travieso y seductor, pero notando de inmediato que al parecer, tanto a mí como a mi esposo, nos faltaba ese algo que nos hacía volvernos locos cada vez que regresábamos a casa a contarnos lo que hicimos con otras personas.
Esa noche terminamos de cenar y después nos fuimos a dar un baño juntos, contándonos lo que hicimos, a grandes rasgos y sin entrar en detalles, haciendo que fuera demasiado evidente el hecho de que algo no andaba del todo bien, porque en otras circunstancias, el que le contara lo que me hicieron esos hombres hubiera bastado para que me obligara a recargar las manos en la pared de la ducha y me penetrara hasta correrse dentro de mí, algo que no ocurrió esa noche, porque no parecíamos estar muy inspirados para que eso pasara, porque de pronto el sexo parecía algo anticlimático, algo que estábamos a punto de hacer llevados en mayor medida por una especie de compromiso que porque realmente lo deseáramos, un ánimo que nos acompañó a la cama, que se extendió por los minutos que nos tomó alistarnos para mirar el video de mi esposo y mi amiga en su celular, mientras yo tocaba a mi marido lo mejor que podía y él reaccionaba de una manera que no parecía muy natural, porque no mostraba la misma efervescencia que nos había caracterizado en las últimas semanas cuando en el calor de la cama nos dejamos llevar, víctimas de aquella excitación explosiva que nos provocaba saber que habíamos estado con alguien más.
Sentir su semen en mi mano fue casi un alivio, porque me permitió dejar aquello por la paz, sin que en realidad el video de mi amiga me hubiera provocado mucho, pues creo que tanto mi ánimo como el de mi esposo no estaban para esas cosas amatorias, para entregarnos de la manera como en otro momento me hubiera gustado hacerle el amor a mi hombre.
Fue el silencio que siguió a ese momento y la incomodidad que nos provocó el saber que algo no andaba bien entre los dos, lo que me hizo suspirar resignada ante el hecho de que sabía que teníamos que hablar del elefante en la habitación, sabiendo que de no hacerlo aquella actitud hacia el sexo podría extenderse, tal vez de manera indefinida, tal vez llevándonos a un estado de desconfianza e insatisfacción como aquel que nos llevó a abrir nuestra relación.
- Iris me visitó en la oficina. Me dijo lo que pasó contigo y… bueno, ella parecía afectada, no se veía nada bien - le solté mientras lo miraba.
Ismael me observó por unos minutos como si estuviera estudiando mi rostro en un intento por detectar algo extraño, quizás un indicio de que algo no andaba bien conmigo, tal vez tratando de entender mis palabras como parte de una trampa. Al final no dijo nada, solamente se me quedó mirando.
- Ismael, dime la verdad, quiero que me seas muy honesto, te prometo que no me molestaré por lo que me digas ni mucho menos, pero necesito que me digas lo que sientes en realidad por esa chica, así que dime ¿Ella se convirtió en algo más para ti? Quiero decir, ¿Qué es lo que sientes por ella? ¿Cómo te sentiste después de que le pidieras que se marchara? ¿Cómo te sientes al saber que ya no trabajará más contigo?
- No lo sé, María, después de que se fue, me quedé con Estela y no tuve mucho tiempo para pensarlo, pero cuando me quedé solo… bueno, no fue agradable saber que ya no regresará a la oficina, no solo por el trabajo, sino también porque me encariñé con ella. No quiero que me malentiendas, no es que me haya enamorado o algo parecido, pero supongo que me acostumbré demasiado a tenerla a mi lado y… bueno, esa clase de relaciones suelen dejar algunos vacíos, además de que la forma como las cosas terminaron… bueno, creo que no fue de la mejor manera - expresó, mostrándose triste por lo sucedido, haciendo que las palabras de Iris hicieran eco en mi cabeza cuando él también dejó entrever que las cosas no terminaron de una manera satisfactoria para ninguno de los dos.
Suspiré, una vez más, sintiendo una cierta molestia en el estómago ante lo que estaba por decirle a mi marido, pero de cierta forma deseando que las cosas tomaran el rumbo que beneficiaría los deseos tanto de Ismael como de Iris, no solo porque de esa manera mi esposo podría volver a ser el mismo, sino también por una razón un poco más egoísta, porque el pensar en esos dos había despertado mi necesidad de verlos juntos, de presenciar un momento en el que ambos estuvieran desnudos y haciendo el amor, a unos pocos metros de mí, donde podría atestiguar lo que ambos realmente sentían el uno por el otro, además de que me volvía loca pensar en lo que esa chica y yo podríamos hacer en medio del éxtasis que viviríamos si llevábamos aquel triángulo erótico y amoroso al calor de la cama de un hotel.
- ¿Te gustaría estar una última vez con ella? Quiero decir, eso que dijiste de que las cosas no terminaron muy bien, ella también me lo mencionó, así que… bueno ¿Estarías dispuesto a pasar una última noche con ella? - le pregunté, viendo cómo mi marido me miraba con los ojos muy abiertos y contagiados con algo de desconfianza, como tratando de decidir si era seguro decirme la verdad o si de alguna manera estaba intentando probar su lealtad o algo parecido.
- Mi amor, como te lo dije antes, lo que siento por ella es solo…
- Contéstame lo que te pregunté, por favor. Esto no es una trampa ni tampoco alguna clase de prueba, pero necesito saber si te gustaría estar con ella una última vez y tengo mis razones para querer saberlo - lo atajé, viendo luego cómo desviaba la mirada y se quedaba algo pensativo, mirando a un punto en la cama, tomándose algo de tiempo para darme una respuesta.
- Sería bueno tener una oportunidad para dejar las cosas en paz, para cerrarlo todo de una manera distinta, porque no me gustó cómo terminó todo, aunque… bueno, seguramente ella no te dijo nada al respecto, pero creo que tiene sentimientos más profundos hacia mí y no sé qué tan bueno sería estar una última vez juntos, no quiero que salga más lastimada de todo esto.
- En realidad ella me lo pidió, me visitó en la oficina específicamente para eso, para que le permitiera estar una última vez contigo y me dijo que haría lo que fuera, que aceptaría cualquier imposición que le pusiera con tal de que finalizaran lo suyo de una mejor manera, de una que le dejara tener un recuerdo feliz de todo esto - expliqué y mi marido una vez más me miró con los ojos muy abiertos, sin decir nada, como esperando a que yo le diera una respuesta, haciendo que ahora fuera yo quien desviara la mirada mientras suspiraba con mucha fuerza - creo que lo mejor sería que estuvieran juntos una vez más, pero quiero estar ahí cuando eso pase y probablemente me una a ustedes en algún momento. Espero que eso no te moleste.
- Para nada, pero… bueno… ¿Estás segura de esto? Quiero decir, sabes lo que ella siente por mí y no creo que si estoy una última vez con ella sea como cuando lo hicimos con Jess, esto parece algo diferente.
- Lo sé, pero creo que los dos lo necesitan y, si te soy sincera, esa chica me hizo sentir un poco traviesa cuando estuvo en mi oficina, así que supongo que será una experiencia linda para los dos, no solo para ti - le confesé, viendo cómo mi marido sonreía con complicidad, antes de que besara sus labios y nos miráramos a los ojos, de que él asintiera en mi dirección y yo tomara mi celular para mandarle un mensaje a esa chica.
- Será el sábado. Una sola noche, es lo único que te daré y yo estaré con ustedes, tómalo o déjalo - escribí, sintiendo de inmediato la frialdad de mis palabras, una que no parecía tener sentido, porque esa chica no era una mala mujer, solo era una jovencita que se había enamorado del hombre equivocado.
- Sí, haré lo que me diga, sólo indíqueme en donde nos veremos y ahí estaré - respondió, tan rápido que me hizo pensar que tal vez había estado esperando una llamada o un mensaje con el celular en la mano, haciendo que de nuevo sintiera un poco de pena por esa chica.
- Muy bien, te mandaré los detalles en estos días. Nos vemos el sábado - respondí, poniéndole fin a esa breve conversación, mirando luego a mi marido, quien no parecía haber superado la sorpresa que le provocó aquella decisión, antes de que de pronto sintiera la necesidad de besarlo, de experimentar como ese algo que nos hacía entregarnos a nuestros impulsos despertaba de nuevo, de que le pidiera reproducir una vez más el video de Estela en su celular, sabiendo que aquello tendría un efecto muy diferente de lo que antes ocurrió entre los dos, que mi marido me haría lo que deseaba que me hiciera, sintiendo ese nerviosismo y ansiedad que me provocaba la idea de presenciar lo que tanto temía ver cuando esos dos se entregaran el uno al otro en la cama de un hotel, siendo la última vez que harían el amor, la última ocasión en la que podrían expresar aquellos sentimientos que sentían el uno por el otro, porque intuía que mi marido no me estaba siendo por completo sincero, que había un aparte de la historia que se negaba a contarme, tal vez por miedo a lastimarme o porque no quisiera aceptar lo que en realidad sentía por esa hermosa jovencita de la que tanto se había encariñado.
Pareciera mentira que aquel estado de incertidumbre pronto se convirtiera en el factor que me hizo falta minutos atrás para empezar las cosas con mi marido, porque pensar en lo que podría pasar mientras veía a esa puta de Estela mamando la verga de mi esposo y recibiéndolo en el coño, encendió las cosas de una manera descomunal, haciendo que de pronto sintiera la necesidad de lamer la piel de mi hombre, de hacer que se recostara y comenzar a besar su cuerpo, chupando su cuello, jugando con mi lengua en sus pezones, deslizando mis labios lentamente por su abdomen hasta sentir la humedad en el glande de mi esposo y metérmelo en la boca, experimentando de inmediato el sabor de su leche, sintiendo muy pronto cómo comenzaba a crecer en mi boca, cómo sus palpitaciones hacían vibrar mis labios a la vez que Ismael me tomaba de la cabeza y escuchaba los estruendosos gemidos de mi amiga Estela provenientes del celular de mi hombre.
Montarme en su cuerpo cuando al fin estuvo listo para mí, verlo tirado en la cama, concentrado en mis senos mientras me enterraba su verga en el coño, observar la forma como sus ojos se ponían en blanco mientras bailaba sobre él y gemía ante el inmenso placer que me provocaba; todo ello me hizo pensar de pronto en todo lo que había pasado desde que abrimos nuestra relación, en las cosas que hice con todos esos chicos, en lo mucho que lo disfruté, en lo grandioso que era el sexo con mi marido cuando nos contábamos lo que hicimos con alumnos y otros maestros de la universidad, recuerdos que me hicieron mover las caderas con más energía, que me llevaron a esforzarme para complacer a mi hombre, para hacerlo perder la cabeza mientras me daba desentones sobre su cuerpo, haciéndolo gemir, jadeando ante el placer que me hizo sentir hasta que el orgasmo nos alcanzó a los dos tras un corto pero muy intenso y placentero momento que terminó conmigo abrazada a su cuerpo mientras lo sentía viniéndose en mi interior, con mi boca destilando gemidos y lamiendo su cuello a la vez que mi concha se contraía sin parar como consecuencia del orgasmo tan súbito que sacudió mi humanidad, hasta que todo se calmó de pronto y el silencio se apoderó una vez más de nuestra habitación.
Pensar en lo que acababa de aceptar fue inevitable, porque por un lado sabía que parte de aquella decisión la tomé motivada por el morbo que me provocaba tener algo con esa chica y ver la forma como mi esposo disfrutaba de un cuerpo tan joven y hermoso como el de su maestra adjunta, pero por otro lado, también entendía que estaba jugando con fuego, porque pude ver en el rostro de mi marido que él sentía algo por ella, algo que quizás podría reavivarse al entregarse de esa manera tan intensa como supuse que lo harían al ser la última vez que estarían juntos.
Así que sí, tenía miedo de enfrentar aquella situación, de ver que lo que mi marido sentía por esa chica era más intenso que lo que sentía por mí, de verme obligada a admitir que una batalla en contra de Iris probablemente estaría perdida pues no podría competir contra su belleza ni su juventud, una idea que resultaba frustrante y agotadora, más aún al pensar que ya no quedaba nada más por hacer que esperar a que el momento llegara y las cosas pasaran, temiendo que esa osada e impulsiva decisión nos llevara un lugar donde yo no quisiera estar.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado a su FINAL) o adquiriendo alguno de mis libros en AMAZON (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.