Sonia
- ¡Muy bien, chicos! - levantó la voz el profesor Andrés, después de que nos diera una copia del protocolo de prácticas - ¡Ya tienen su protocolo y ya conocen las especies que estamos buscando! ¡Así que vayan en parejas y hagan su trabajo! ¡Recuerden que es muy importante no perturbar la naturaleza! ¡No vamos a recolectar especies, solo quiero que las identifiquen y las fotografíen! ¡Sin usar el flash! ¡Y tengan cuidado con las serpientes! - gritó, subiendo cada vez más la voz en la medida en que la clase comenzaba a caminar en todas direcciones, a excepción de mí y de Dany, pues mi contramaestre estaba inspeccionando con obsesiva curiosidad la cámara con la que llevaríamos a cabo la práctica - ¿Está todo bien, chicas? - preguntó el profesor cuando notó que éramos las únicas que nos rezagamos.
- Sí, es que… lo que pasa… es solo que… - balbuceé, sin saber en realidad qué decir, sintiéndome ansiosa y nerviosa al no poderle dar una explicación de nuestro retraso y ver que Dany no parecía tener la más mínima intención de moverse de donde estaba.
- ¡Lo siento, profe! ¡Es que nunca había tenido en las manos una de estas cámaras! ¡Deben costar una fortuna! ¡Nunca había visto algo como esto! - exclamó Dany, con un tono sobreactuado con el cual me hizo saber de inmediato que aquella demora no era accidental, provocándome un fuerte dolor en el estómago al notar que para ese momento nos habíamos quedado a solas con el profesor.
- Sí, son excelentes, la de Sonia en particular es una cámara muy buena, por lo regular sus fotos son las que solemos utilizar para las exposiciones y… - comenzó a decir el profesor, haciendo gala de su amabilidad y paciencia, mientras yo trataba de controlarme a mí misma, queriendo salir corriendo de ahí para alejarme de Andrés y del peligro que suponía que me obligaran a hacer algo con ese hombre, algo de lo que seguramente me terminaría arrepintiendo.
- ¡Ahoy, marinera! - escuché la voz del capitán en mi cabeza, sintiendo ese sobresalto que me atacó al escucharlo de esa manera tan repentina - sé que lo que estoy por pedirte sonará más como un premio que como un castigo, porque al parecer hay una cierta atracción mutua entre el profesor y tú, pero de cualquier manera… - dijo ese maldito idiota, mofándose de mi situación, provocando mi rabia ante lo injusto que me parecía que ese imbécil me obligara a hacer cosas que podrían cambiar mi vida que podrían las cosas con personas que me importaban.
- No, por favor - susurré, sintiendo cómo mi cuerpo parecía de pronto muy pesado, junto con ese temblor de piernas que amenazaba con derribarme al suelo ante la impresión que me provocaron las palabras del capitán, sin poder evitar que el profesor me mirara de pronto, preocupado, seguramente al notar que algo malo estaba pasando, a pesar de mis precarios e insuficientes esfuerzos para hacer que no escuchara mis palabras y aparentar que todo estaba bien.
- ¿Pasa algo, Sonia? - me preguntó el profesor Andrés, colocando una de sus manos en mi hombro, sin que yo le contestara mientras lo miraba a los ojos.
- ¡Ay dios mío! ¡Perdóname, amiga! ¡Olvidé la bolsa de las pilas en el camión! ¡Se quedó adentro de mi mochila! - exclamó de pronto mi contramaestre, mirándome de esa forma fría, confirmándome de esa manera que aquella situación estuvo planeada mucho antes de que yo me diera cuenta de lo que esa mujer estaba haciendo, provocando que las piernas me temblaran aún con más fuerza mientras sentía cómo mi cara se sentía de pronto muy acalorada.
- Dile al profesor que te acompañe al camión por las pilas. Hazlo. Y cuando estés ahí, deberás seducirlo, porque quiero que te lo cojas y quiero que se venga dentro de ti, tendrás que hacer que te llene el coño de leche - dijo ese maldito, con una voz enloquecida, soltando al final una estruendosa carcajada que me hizo temblar de pies a cabeza - vamos querida, y te recuerdo que solo tienes 10 minutos para iniciar con el cumplimiento de la orden, o Dany tendrá que castigarte - me advirtió ese imbécil, haciendo que suspirara con fuerza, llamando de nuevo la atención de mi profesor, mientras sentía cómo mi vida quedaba reducida a la posibilidad de entregarme a ese hombre que me miraba con tanta atención.
- Pro… profesor, ¿Podría acompañarme al camión por mis pilas…? Yo… no me agrada la idea de ir sola y me dan miedo las serpientes - mentí, tragando saliva al final, rogando para mis adentros que ese hombre se apiadara de mí, que me acompañara, que no se resistiera a lo que estaba a punto de intentar.
- ¡Esa es una muy buena idea! Así, mientras ustedes hacen eso, yo me voy familiarizando con la cámara, porque tiene miles de funciones que no conocía - comentó Dany antes de que la viera sentándose sobre un tronco tirado en medio del bosque y dirigir toda su atención al dispositivo que tenía en las manos, para luego mirar a Andrés mientras asentía en mi dirección, componiendo una enorme sonrisa en sus labios, al parecer, mostrándose encantado con la idea de que pasáramos algo de tiempo juntos y a solas.
- Dany es una chica bastante peculiar ¿De dónde la conoces? - preguntó el profesor una vez que nos alejamos de mi contramaestre, sin que yo tuviera idea de cómo podría hacer que el hombre caminara más rápido, pues tenía los minutos contados para llegar al camión y hacer lo necesario para que algo pasara entre nosotros dos.
- Internet - dije sin más, perdiéndome por un momento en mis propios pensamientos y preocupaciones, mirando lo lejos que aún estábamos del autobús, antes de que notara lo incomodo que de pronto se puso Andrés ante mi respuesta tan involuntariamente cortante - es una chica de otro estado, es muy rara, pero… bueno es que no la he tratado mucho en persona. La conocí en un foro de fotografía, me hizo algunas preguntas y comenzamos a conocernos, ya sabe cómo son esas cosas, luego un día me habla y me dice que vendrá a verme así como así, y llega a mi casa sin avisarme y… y bueno, aquí estamos - le expliqué, sin tener idea de porqué había inventado algo como eso, pero viendo cómo la postura del profesor se relajaba mientras seguíamos caminando, seguramente al darse cuenta de que no fui grosera y cortante apropósito, de que tenía la intención de charlar con él mientras estábamos juntos.
- Claro, por eso estaba tan interesada en la cámara - respondió, como para sí mismo, cuando le encontró sentido a la presencia de mi amiga en nuestra práctica y a su interés en mi cámara, aunque en su tono de voz noté que algo no andaba muy bien, una sospecha que inesperadamente se confirmó sin que yo tuviera que preguntarle nada al profesor, quien de pronto parecía haberse puesto muy nervioso cuando volvió a hablar - Sonia, quiero decirte algo, pero… bueno, es que me gustaría que solo quedara entre nosotros, ¿Te parece bien? - preguntó inseguro, algo que en realidad no era muy común de ver en el profesor de prácticas.
- Sí, por supuesto, profesor ¿De qué se trata? - respondí nerviosa ante lo que supuse correctamente que se trataría de algo personal, sintiendo cómo las piernas comenzaban a temblarme de una manera que resultaba muy peligrosa tomando en cuenta que estábamos en el bosque, caminando en un terreno para nada regular.
- La verdad es que, cuando supe que Ariana había venido con su chico, me hice un poco de ilusiones al creer que tal vez podríamos hacer la práctica juntos y luego cuando te vi llegando con Dany… - me soltó, provocando que de pronto el estómago me fuera atravesado por una punzada de dolor mientras lo miraba sorprendida y a él se le sonrojaban las mejillas - lo siento, tal vez no me expresé de la manera correcta, lo que pasa es que… bueno, la verdad me gustaría que pasáramos más tiempo juntos, conocerte y esas cosas. creo que eres una chica muy interesante y… claro, si a ti te parece bien… - comentó, poniéndose cada vez más colorado, sin que yo pudiera dejar de verlo, ni siquiera cuando me tropecé y casi caigo al suelo, algo que no pasó gracias a que ese atento hombre me tomó del brazo para evitarlo, provocando que ambos nos quedáramos quietos por un momento, a tan solo unos metros del camión, mirándonos a los ojos mientras yo sentía un millón de mariposas revoloteando en mi estómago.
- Ariana dice que le gusto - dije sin más, no sé por qué, pero lo dije, viendo cómo los ojos de Andrés se abrían como platos, cómo su boca titubeaba sin terminar de atreverse a expresar aquellos sentimientos que incluso yo noté que sentía en la forma como su mano permanecía tocándome el brazo, en la manera como de pronto me miró y en el titubeo de sus ojos que parpadeaban rápidamente tras haberlo tomado por sorpresa, un momento en el que vi mi oportunidad, en el que supe que podría llevar a cabo lo que el capitán me ordenó sin parecer una puta que se acostaría con cualquier profesor tras haber recibido una simple y algo inocente insinuación.
- Usted… - titubeé, dominada por ese molesto dolor de estómago - usted me gusta, me gusta mucho, pero… bueno, es que siendo una alumna y usted un profe… - la cara de pronto se me puso cada vez más colorada en la medida en que las palabras salían de mi boca, hasta que al fin suspiré y me acerqué a él, deseando que pasara lo que me proponía hacer, al mismo tiempo que lamentaba que aquello hubiera ocurrido mediante una orden del capitán, en un juego donde mi vida estaría en riesgo si no lo obedecía y no en una situación donde las cosas se hubieran dado de manera casual, espontánea y auténtica.
Antes de besarlo pude ver aquel brillo en sus ojos que me hizo saber lo mucho que el profesor había deseado que eso pasara, un segundo antes de que sus ojos se cerraran, de que sintiera cómo colocaba su mano en mi cintura y de que me dejara llevar por la dulce sensación de sus labios presionando los míos, haciendo que de pronto un calor muy lindo creciera en mi interior, dispersándose por mi cuerpo, provocando que lo abrazara de la nuca con mis manos, mientras aquel beso se iba haciendo más intenso, incitándonos a usar nuestras lenguas, a pegar nuestros cuerpos el uno contra el otro, perdiéndome por un breve instante en sus labios y en la forma como sus manos me abrazaron por la cintura, hasta que de alguna manera el silencio me recordó lo que debía hacer, que debía llegar al camión cuanto antes, pues el tiempo era muy poco y aquella caminata nos había llevado algunos minutos, por lo que tomé la mano de Andrés y juntos nos apresuramos hacia el autobús, metiéndonos en él de inmediato, viendo en su rostro una sonrisa llena de complicidad, como si aquella escena se tratara de algo romántico y no de algo que podría costarme la vida o que podría terminar dañando a las personas a quienes quería.
A partir de que nos metimos en el camión, las cosas comenzaron a darse con mucha mayor facilidad, porque para Andrés aquello no era más que una travesura, algo entre dos personas que se gustaban, una escapada de las reglas, algo atrevido que estábamos haciendo en medio de una práctica de campo, mientras los demás andaban por el bosque tratando de completar el protocolo.
Sentir sus brazos rodeando mi cintura y su cuerpo atrás del mío, experimentar la forma como me daba muchos besitos en el cuello y las mejillas, disfrutar de la ternura y el entusiasmo con el que me besaba y me apretaba entre sus brazos, como si no pudiera creer que aquello de verdad estaba pasando; todo eso dibujó una sonrisa en ms labios y me hizo sentir un delicioso calor recorriendo mi cuerpo, porque ese chico en verdad era increíble y porque al parecer estaba loco por mí, tal vez tanto como yo lo estaba por él, a pesar de que hasta ese momento me hubiera negado a admitirlo, pues me pesaba el hecho de que él fuera un profesor y yo una de sus alumnas.
Esa mañana, el último asiento del camión fue testigo de la forma tan entregada y apasionada como nos estuvimos besando por algunos minutos, dejando que las cosas subieran de tono muy rápido hasta que empezamos a tocarnos el uno al otro, siendo cada vez más atrevidos, sonriendo con complicidad en cada ocasión en la que nuestras miradas se encontraban, haciendo más fácil y natural el proceso de quitarnos la ropa poco a poco hasta quedar desnudos, un momento en el que me recosté en el asiento, mirando sus ojos, sintiéndome nerviosa ante lo que estaba por ocurrir, al sentirlo colocándose entre mis piernas y dejando que su cuerpo descansara sobre el mío, sin permitir que aquella conexión entre nuestras miradas se rompiera mientras nos preparábamos para hacer el amor.
Cuando sentí su sexo entre mis labios desnudos, rodeé su cintura con mis piernas, deseando de pronto con todo mi ser que me penetrara, al tiempo que me dejaba seducir por esa manera embelesada con la que me miraba mientras su sexo coqueteaba con mi vulva, hasta que de pronto su rostro se tornó solemne y empujó sus caderas despacio, haciendo que un cosquilleo ansioso se dispersara desde mis piernas hasta mi abdomen mientras me penetraba lentamente, como queriendo memorizar cada centímetro de mi vagina, provocando que un gemido muy intenso y lleno de emociones delirantes se me escapara de la boca la vez que mis manos apretaban sus brazos y mis ojos se apretaban con fuerza.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Profesor! ¡Ahhh! ¡Andrés! - gemí y susurré cerca de su oído, perdiendo el control de mis palabras antes de que me abrazara de su cuello y una de mis manos acariciara su nuca, sin parar de expresar todo el placer que me hizo sentir con esos gemidos que trataba en vano de contener, porque se sentía delicioso tenerlo dentro, experimentar la forma como el chico se deslizaba en mi interior, incitándome a buscar sus labios hasta que sentí de nuevo su aliento y esa forma como su lengua comenzó a seducir a la mía.
- ¡Eres tan hermosa! - susurró segundos después cuando dejamos de besarnos y escondió su rostro entre mi hombro y mi cuello - ¡No he podido dejar de pensar en ti desde que me hice profesor! ¡Ahhh! ¡Me gustas tanto! ¡Ahhh! - exclamó en un tono sutil, logrando que mi cuerpo se estremeciera ante sus palabras, que comenzara a gemir como una loca mientras me apretaba cada vez más a su cuerpo.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Que rico! ¡Ahhh! - exclamé, sin poder pensar en nada, sin poder articular más que aquel par de palabras, entregándome por completo a lo que hacíamos, a ese placer prohibido que estaba viviendo al tener a mi profesor de prácticas dentro de mi cuerpo.
- ¡Ahhh! ¡Eres asombrosa, Sonia! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - exclamó mientras yo trataba de ahogar mis gemidos mordiendo su hombro, meneando las caderas para hacer que me penetrara más a fondo, logrando que ese hombre me cogiera con más fuerza, que de pronto sintiera sus embestidas cada vez con mayor intensidad, recreándome en esa sensación enloquecedora que me provocaba al entrar y salir de mi cuerpo, al gemir cerca de mi oído, mordiéndome el lóbulo de la oreja mientras yo metía mis manos bajo sus axilas para acariciar su espalda, despacio, disfrutando del calor de su piel, de la forma como su sudor y el mío se entremezclaban como consecuencia de la fricción de nuestros cuerpos desnudos.
Con el pasar de los minutos y en la medida en que las cosas se iban calentando más y más entre los dos, los movimientos del profesor se hicieron cada vez más descarados y poco controlados, sintiendo de pronto como ese hombre tan amable y gentil se convertía en una bestia sexual que me destrozaba el coño, que sacudía mi ser con esas embestidas brutales con las que me hizo poner los ojos en blanco y me obligó a morder su hombro para que mis gemidos no alertaran a nadie de nuestra presencia.
- ¡Ahhh! ¡Me voy a venir, Sonia! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡No puedo soportarlo más! ¡Ahhh! - exclamó el profesor, elevando la voz un poco más de lo que resultaría seguro mientras sus caderas trataban de alejarse de mí con una cierta desesperación.
- ¡Ahhh! ¡No…! ¡No te salgas! ¡Ahhh! ¡Me estoy cuidando! ¡Ahhh! ¡Hazlo dentro! ¡Quiero sentirlo adentro! ¡Ahhh! ¡Por favor! ¡Vete adentro de mí! ¡Ahhh! ¡Te lo suplico! - exclamé cuando sentí cómo trataba de sacar su miembro de mi cuerpo, antes de que se relajara y me mirara con esa expresión morbosa en su rostro, de que me besara de nuevo en los labios, prolongando ese beso por el tiempo que le llevó vaciarse en mi vientre, entre los gemidos que me provocó experimentar su leche inundándome por dentro, una sensación que me hizo abrazarme de él, en un intento por sofocar aquella hermosa y a la vez caótica mezcla de emociones que me provocó el haber vivido algo tan hermoso con ese chico, a la vez que me agobiaba la culpa de haber tenido que mentirle para que se viniera dentro de mí y para hacerle creer que aquello era algo honesto, como si lo que hicimos hubiera sido motivado solamente por nuestros deseos y no porque un maldito psicópata me hubiera obligado a hacerlo, de esa forma tan deshonesta y apresurada como tuve que entregarme a ese chico a quien tanto le gustaba, quien de alguna manera logró robarme el corazón con la forma tan entregada y cuidadosa como me trató mientras hacíamos el amor.
- ¡Esto fue asombroso, Sonia! ¡Me encantó estar así contigo! Pero aún quiero conocerte mejor ¿Sabes? - comentó mientras nos mirábamos a los ojos, pero sin retirarse de mi cuerpo, dejándome sentir cómo su corazón latía agitado, muy cerca del mío.
- Sí, tal vez ir por un café o a ver una película sería una buena idea para nuestra primera cita - respondí, haciendo que ambos riéramos un poco para luego besarnos en los labios una vez más y levantarnos del asiento al final, vistiéndonos sin tantas prisas como debimos hacerlo, compartiendo de vez en cuando miradas llenas de complicidad, hasta que estuvimos por completo vestidos y fui a tomar la bolsa de las pilas, antes de que saliéramos del autobús y camináramos por el bosque a la vez que trataba de resistir la tentación de tomarlo de la mano, prolongando ese instante tan lindo que compartimos, hasta que en algún momento apareció Dany, como de la nada, como si aquello hubiera sido un encuentro accidental, como si algo de lo que pasara con ella no estuviera fríamente calculado.
- ¡Vaya, al fin regresaron! ¡Estuve a punto de ir a buscarte, amiga! - dijo la asesina, con ese tono sobreactuado con el que dudé que hubiera logrado engañar a Andrés, mientras en mi cabeza resurgía ese intenso miedo que me agobiaba ante la posibilidad de que no hubiera logrado iniciar las cosas antes de que mi tiempo de gracia se hubiera agotado. Andrés me miró con un brillo travieso y lleno de complicidad en sus ojos.
- Te dejo con tu amiga. Iré a buscar a los demás por si tienen alguna duda o necesitan algo de mí. Nos vemos al rato - se despidió, con una sonrisa coqueta en los labios, la misma que traté de corresponder lo mejor que pude, a pesar de que me estuviera muriendo de miedo al no haber escuchado de nuevo al capitán y no tener idea de si lo que hice había contado como una orden cumplida o no.
- ¡Vaya profesor, eh! ¡Mira que tirarse a una alumna en el camión! - escuché de nuevo la voz del siniestro capitán, sintiendo ese malestar en el estómago cuando lo hice - lamentablemente no cumpliste con la orden a tiempo, así que te has ganado tu primera amonestación, marinera - celebró el capitán, con un tono de voz con el que solo me hizo sentir mucho más miedo del que ya experimentaba, que me hizo temblar de pies a cabeza mientras miraba a Dany y ella me regresaba una expresión fría a la vez que me entregaba la cámara, la misma que pronto guardé en su respectivo maletín, temiendo lo que esa mujer decidiera hacer, rogando para que me castigara a mí de la forma que fuera y no decidiera reprenderme haciéndole daño a mis amigos, al profesor o a alguno de mis compañeros.
- Ven conmigo - me indicó, sin darme ninguna explicación, haciendo que la siguiera por algunos minutos, que nos adentráramos cada vez más en una parte del bosque donde los árboles comenzaban a ser muy tupidos, tanto que resultaba imposible ver más allá de un metro adelante, hasta que al fin llegamos a un claro, donde había una tienda de campaña y tres hombres de mediana edad, todos ellos con pinta de dedicarse a algo no muy legal, con barbas pronunciadas, cuerpos musculosos y un aspecto que me hizo pensar que llevaban algunos días sin saber lo que era un buen baño.
- Hola, chicos, ya regresé - dijo Dany, haciendo que los hombres sonrieran antes de mirarme de una manera tan lasciva que me hicieron tragar saliva, previendo lo que tendría que hacer como castigo por haberme demorado en cumplir la orden del capitán.
- ¿Es la amiga de la que nos hablaste? - preguntó uno de ellos mientras se apretaba el pene por encima del pantalón, con tal descaro que casi me da algo de solo mirarlo.
- Sí, es mi amiga, y como les dije antes, tiene la fantasía de ser usada por tres machos grandes y fuertes como ustedes, así que… bueno, aquí la tienen, pero quiero que la traten bien, chicos, quiero que sean gentiles, ¿De acuerdo? Porque si no lo hacen… - les advirtió Dany mientras sacaba un cuchillo de alguna parte, un arma tan grande que incluso aquellos hombres corpulentos se sintieron incómodos al mirarla, dejando que se creara un silencio bastante incómodo hasta que el sujeto que ya había hablado sonrió, poniéndose de pie mientras levantaba las manos en señal de inocencia.
- Te prometo que se irá de aquí sonriendo - dijo con seguridad, antes de que Dany se acercara a mí para quitarme el maletín de la cámara y darme un abrazo que usó para susurrarme algunas palabras al oído.
- Lo siento, Sonia, pero las reglas son las reglas. Así que solo deja que pase, trata de disfrutarlo y de relajarte para que no te hagan daño. Tal vez sirva de algo el que tu profesor se haya corrido dentro de ti, eso ayudara a que estés más lubricada - comentó, haciéndome creer que aquello le pesaba un poco a pesar de que no parecía imprimir emoción alguna en su voz, antes de que se apartara y yo la mirara sin entender cómo sabía lo que pasó, provocando una sonrisa en sus labios que no parecía evocar ninguna emoción en esa chica - hay cámaras en el camión cariño, están bien escondidas. Te las mostraré cuando regresemos al autobús - respondió, de esa forma fría y distante, antes de que se hiciera a un lado y ese hombre se acercara a mí, despacio, hasta colocarse a poco menos de treinta centímetros de distancia, justo frente a mí, dejándome contemplar la monstruosa erección que llevaba bajo el pantalón, haciendo que tuviera miedo del daño que el sujeto podría hacerme cuando decidiera penetrarme.
- Vamos, cariño, ven aquí, te prometo que seremos buenos contigo - dijo el hombre, quien para ese momento ya se había quitado la chamarra y la camiseta, dejando a la vista un torso enorme, fuerte y todo peludo.
- Anda, amiga, cumple tu fantasía - me incitó Dany con una voz desganada, mientras se acomodaba en una silla de campo y los otros dos hombres se acercaban a mí.
Mi corazón temblaba de miedo cuando aquellos hombres me rodearon, tocando mi cuerpo, apretándome las nalgas, acariciando mis senos mientras ese enorme y peludo sujeto se desabrochaba el cinturón y los otros dos comenzaban a quitarme la ropa.
- ¡Carajo! ¡Esta zorrita está empapada! - exclamó uno de esos tipos después de haberme desnudado y meter su mano entre mis piernas, haciendo que los otros dos intercambiaran una mirada entusiasta - ¡Y la leche es de otro cabrón! - gritó el mismo hombre, enloquecido, provocando las risas de los otros dos, haciendo que el tipo frente a mí me tomara de la barbilla y me hiciera levantar la cabeza para mirarlo.
- Así que estuviste jugando con alguien más antes de venir con nosotros ¿Eh? Eso me encanta, pero ahora te voy a mostrar cómo se ve un verdadero hombre - me advirtió antes de que su mano se colocara en mi cabeza e hiciera presión hacia abajo, obligándome de esa forma a arrodillarme frente a él, sintiendo cómo se me iba el aire por unos segundos cuando ante mí se postró ese enorme y monstruoso pene, un momento en el que mi nariz se arrugó de manera instintiva ante el aroma a sudor y orina que se desprendía de esos genitales, una reacción que solo lo hizo reír, antes de que me tomara de la nuca y me restregara su verga en la cara, obligándome a abrir la boca para besar ese miembro lo mejor que podía hacerlo, tratando de contener el asco que me provocaba mientras sentía cómo otro sujeto me metía los dedos en el coño, moviéndolos adentro con mucha energía, robándome gemidos que el hombre en mi boca no me dejó expresar libremente mientras trataba de forzar su pene en mi interior - vamos, preciosa, sé que puedes hacerlo mejor - me incitó cuando notó el trabajo que me costaba tenerlo adentro, porque su miembro era mucho más grande de lo que yo podría albergar entre mis labios.
Los minutos pasaron de esa manera, con ese sujeto tratando de que le mamara el pene como él lo quería mientras los otros dos tipos me metían sus dedos en el coño y el ano, haciendo que temblara de miedo ante la posibilidad de que ese tipo enorme decidiera hacérmelo por detrás, porque estaba segura de que no lo soportaría, de que me desmayaría o me provocaría algo muy malo, pues en realidad nunca había probado el sexo anal.
- Ya está lista - dijo uno de los tipos, antes de que los hombres se desnudaran y el sujeto que tuve en la boca se recostara en el pasto, dejando que su enorme miembro apuntara al cielo.
- Ven aquí, preciosa, dejaré que lo hagas despacio, a tu ritmo - me indicó, provocando que tragara saliva, antes de que buscara con la mirada a Dany y una sensación horrible recorriera mi cuerpo cuando me di cuenta de que estaba apuntando mi cámara hacia mí, una distracción que solamente atrajo mi atención por unos segundos, hasta que sentí las enormes manos de ese hombre acariciando mis piernas - vamos, cariño, no tengas miedo - comentó, haciendo que suspirara resignada para luego sentarme despacio sobre su miembro, sintiendo cómo mi vagina se abría a su paso, experimentando un dolor tremendo cuando la parte más gruesa de su sexo comenzó a restirarme por dentro, haciendo que empezara a llorar al sentirlo, una reacción que lejos de lograr que ese tipo se compadeciera de mí, solamente lo hizo reírse a carcajadas, mientras me tomaba de la cintura y presionaba hacia abajo habiendo perdido la paciencia, empujando sus caderas para que entrara todo su pene hasta toparse con el fondo de mi vagina, obligándome a emitir un grito desgarrador cuando sentí que algo se rompía en mi interior.
- ¡Shhh! ¡Tranquila, pequeña zorra! - dijo uno de los otros hombres, aquel que en ese momento se acomodaba detrás de mí, quien me tocaba los senos y me hablaba muy cerca de mi oído - solo tienes que quedarte muy quietecita mientras te rompo el culo - explicó con una voz llena de lujuria, empujándome después por la espalda, haciendo que mi mirada y la del sujeto enorme se encontraran mientras lo sentía penetrando mi ano, despacio, con mucho cuidado, deslizándose con paciencia hasta que después de un par de minutos entró por completo en mi cuerpo, sin que yo dejara de llorar, porque a pesar de que lo hizo de una manera demasiado considerada, el dolor en mi coño y mi trasero para ese momento ya eran insoportables.
- ¡Mi turno! - exclamó el último tipo, antes de tomarme del cabello y obligarme a levantar la cabeza, poniendo su pene en mis labios, obligándome a abrir la boca para penetrarme por ella, dejando que su miembro entrara y saliera, llegando en ocasiones a mi garganta, haciendo que me atragantara, sin que pudiera hacer nada para evitar lo que estaba pasando, porque me sentía demasiado asustada como para siquiera intentarlo.
- Es hora de que la fiesta comience - dijo el tipo en mi vagina, empezando a moverse de inmediato, incitando al hombre en mi trasero para que hiciera lo mismo, haciéndome sentir un dolor inmenso mientras esos tipos bombeaban los distintos orificios de mi cuerpo, sin que yo pudiera siquiera gemir o quejarme de lo que me hacían, pues el pene en mi boca me lo impedía.
La idea de haberme reducido al juguete sexual de esos desconocidos destruyó algo en mi interior, algo que hizo que mi llanto se hiciera mucho más intenso, que me hizo sufrir mucho más de lo que ya lo estaba haciendo ante la tortura que esos tipos estaban perpetuando, mientras Dany lo grababa todo con mi propia cámara, haciendo que mi humillación se convirtiera en algo mucho más denigrante.
Los minutos pasaron en medio de la tortura que supuso estar en las manos de esos tipos, sintiéndome indefensa y sufriendo cada segundo de todo lo que me hicieron, hasta que su resistencia menguó y uno a uno comenzaron a venirse en alguna parte de mi cuerpo.
El primero en hacerlo fue el sujeto que tenía en la boca y lo hizo apretando mi nuca con su mano, enviando su pene hasta el fondo de mi garganta para descargarse justo ahí, provocándome arcadas y esa sensación de ahogamiento que trató de prolongar tanto como pudo, un atrevimiento que me llevó a darle un puñetazo en los huevos para hacer que se alejara de mí cuando me fue imposible respirar, profiriendo una cantidad de groserías que solo hicieron reír a los otros tipos mientras ese idiota se retorcía de dolor en el suelo y yo tosía con mucha fuerza, expulsando un poco de la leche de ese imbécil.
El segundo en venirse fue el tipo en mi trasero, solo que él no lo hizo dentro de mí, pues antes de eyacular se salió de mi cuerpo para derramarse sobre mis nalgas, restregando su pene entre ellas, como queriendo esparcir su semen tanto como le fuera posible, antes de que el hombre en mi vagina me abrazara de la cintura y comenzará a moverse desde abajo, cogiéndome de una manera tan violenta que me hizo gritar con toda la fuerza que yacía en mi cuerpo, sintiendo un dolor insoportable hasta que de pronto algo se desconectó en mi cabeza y caí desmayada sobre ese tipo, justo en el momento en el que supongo que mi ser no soportó más aquella tortura y mis sentidos se desactivaron para no permitir que el dolor me arrebatara la cordura.
¿Quién hubiera maginado que aquella horrible experiencia no sería lo peor que me vería obligada a vivir durante esos horribles y degenerados juegos?
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya terminó) (link en mi perfil) o adquiriendo el segundo tomo de la serie en AMAZON (capítulos 6 - 10) (el link se publicará en mi perfil en estos días) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.