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Fecha: 02-Mar-26 � Anterior | Siguiente � en Gays
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San Marcial

pocker123
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San marcial es un pueblo costero alli unas vacaciones se transformaran en dias calientes... Version para imprimir

SAN MARCIAL

San Marcial era el pueblo elegido por mi madre para pasar las vacaciones aquel a�o. No s� de donde lo hab�a sacado, pero era un pueblito costero, muy lindo, tranquilo, eso era lo que ella buscaba y como yo no ten�a nada que hacer la acompa�e en su aventura, que luego se transformo en mi noticia.

Las playas que en ese pueblito hab�a estaban rodeadas de rocas, que les daban al lugar un hermoso paisaje. Colores marrones que se transformaban en dorados a la luz del sol. Verdosos mont�culos y acantilados que ca�an en picada mortal pero que le daban un colorido maravilloso.

Una vez que nos acomodamos la tarde en que llegamos sal� a dar una vuelta por las playas aquellas, mi madre se quedo en el hotelito. No hab�a casi gente, obviamente, no eran playas que se llenaran de gentes, al menos por aquellos a�os, en que nadie conoc�a de aquel lugar.

Se pod�a andar libremente, en mi ba�ador nuevo yo mov�a mis hermosas caderas, de un lado a otro, casi en solitario, mis nalgas jugosas y apetitosas andaban al ritmo de mis pisadas. Mi metro setenta y cinco se desplegaba en libertad por aquellas costas casi perfectas. Mi largo cabello, que el viento del lugar volaba para todos lados. Me sent�a tan bien, pensando que no estaba tan mal aquel lugar que hab�a elegido mi madre, y que yo no sab�a muy bien porque lo eligi�. Pero que al fin y al cabo no importaba demasiado.

Pase por varios lugares, en uno de ellos hab�a dos varones, mayores, tal vez entre cincuenta y sesenta. Nuestras miradas se cruzaron. Segu� de largo como no d�ndole importancia al asunto. Supuse que estaban con sus familias as� que no quise meterme en ning�n lio, pero note que quedaron observ�ndome, tal vez con lascivia, tal vez con lujuria, tal vez con cierto morbo y perversi�n.

A la noche nos fuimos a un bar, creo que el �nico, que funcionaba en aquel lugar. Mi madre bebi� unas cuantas copas, como era su costumbre, ten�a un h�gado de fierro. Yo la segu�a pero con mucho cuidado, no estaba dotado para beber mucho. All� estaban los dos varones maduros que hab�a visto en la playa. Me miraban de vez en cuando. Y yo los miraba tambi�n como al pasar, haci�ndome el tonto. En una de esas mi madre fue hasta el ba�o y yo me acerque a la barra. Uno de ellos se acodo a mi lado mir�ndome de arriba a abajo sin remilgo alguno

__�Como estas?__ saludo con ojos brillantes

__Bien y tu__ conteste sin reservas firmemente

__�Y t� eres?__ pregunto

__Soy Juanito, aunque me dicen Juani__ en eso el chico de la barra me alcanzo lo que hab�a pedido.

__Te vi en la playa hoy a la tarde con mi amigo�

__Si, no me digas�__ dije ir�nicamente

__Tu tambi�n nos viste�

__Te habr� parecido, no lo recuerdo�__ por el rabillo del ojo vi que mi madre se sentaba en su silla y me buscaba con la vista

__Yo creo que si nos viste, a prop�sito soy Fernando, me icen Fer�

__Mucho gusto Fer�__ dije sonriendo y me fui, moviendo un poco mas mi culo fibroso, relleno. Sabiendo que sus ojos me com�an con deseo y voracidad.

Mi madre me sonri� cuando me vio sin decir nada, ella conoc�a mis gustos y yo los de ella. Al rato nos fuimos del lugar pero ya no los vi a aquellos maduros atrevidos.

����������� Al d�a siguiente fuimos a la playa con mi madre a eso de las cuatro. Era un d�a hermoso, el sol en lo alto marcaba el� calor casi endemoniado de aquella jornada. A lo lejos vi a Fer con el otro maduro y adem�s estaban con otros dos, m�s o menos de la misma edad. Charlaban animadamente y alguno de ellos se met�a al mar de vez en cuando. Yo me fui con mi ba�ador sugestivo y provocador hacia el agua, que estaba muy refrescante, luego de zambullirme varias veces, en una de esas apareci� Fer a mi lado, como un fantasma. Y del otro lado estaba el otro maduro que siempre lo acompa�aba sonriendo

__El es Jacinto�__ Jacinto tenia hombros anchos. No se ve�a muy alto. Pocos cabellos sin llegar a ser pelado. Una nariz peculiar como si fuera de boxeador. Rostro firme sin ser serio.

__Hola Jacinto__ salude con los cabellos chorreando agua salada

__Hola como estas, la verdad es que te ves muy bien, me ha dicho aqu� mi amigo que te llamas Juanito

__As� es, �la est�n pasando bien ustedes?__ pregunte por decir algo

__Si claro y m�s teniendo encuentros como este, contigo Juani, �puedo decirte Juani?__ me susurro casi al o�do Fer, rozando mis nalgas con su bulto creciente, me apoyaba sin ning�n prurito ya que nadie pod�a notar nada. Adem�s �ramos los �nicos que est�bamos en esa zona.

__Tu nos lo haras pasar mucho mejor Juani�__ dice Jacinto mientras se acerca a mi del lado contrario adonde esta Fer y con sus manos roza mis tetillas que est�n erectas, erguidas, duras como rocas, igual� que mi verga, a pesar del agua, una mano de aquel atrevido, llega hasta ella y la acaricia mientras mira hacia la costa como si nada pasara.

__Es verdad que la pasaremos bien, �no es cierto Juani?

__oh si si claro, ustedes son unos atrevidos, ahhh, que bien�__suspire casi gimiendo, entonces estire mis manos a cada lado y me encontr� con los bultos muy ricamente duros, a punto de una buena mamada, pens�. Aquellos machos se pusieron m�s tensos, y casi gem�an de placer, se acercaban otros ba�istas. Y decidimos separarnos un poco, aun las vergas no hab�an salido de los ba�adores, pero estaban duras como rocas, la puta que hab�a en mi sal�a prontamente, necesitando que me dieran una buena porci�n de carne. Fer con su� irada grande y chispeante, me hablo de que deber�a ir con ellos a la caba�a, donde estaban hosped�ndose.

__Si deber�as venir con nosotros__ apoyo divertido y ansioso Jacinto, mientras �bamos caminando hasta la orilla

__Estoy con mi madre�

__Ella entender�__ dijo Fer, antes de salir definitivamente del agua sent� sus palmas en mi trasero, lo pellizcaron, cachetearon, acariciaron. Me dieron una explicaci�n de c�mo llegar hasta la caba�a, la verdad que la idea me seduc�a por completo, estar con aquellos machos me entusiasmaba.

����������� Era el atardecer de aquel d�a y mi madre para mi bien no estaba con ganas de salir, as� es que aproveche y me fui sin pensarlo dos veces a la dicha caba�a. Trepe por unos caminos rocosos, muy perdidos entre unos montes enclavados en tierra rojiza y arenosa.

����������� All� entre aquellas arboledas asomaba una pintoresca caba�a. Las �ltimas luces del d�a alumbraban apenas el lugar. Dentro de la caba�a ya hab�a luces encendidas y se escuchaban voces. Extra�amente me pareci� que hab�a m�s de dos voces. Avance igualmente y entre en el porche. Golpee la puerta de madera y espere. Fer apareci� y me extendi� la mano, la tomo y me meti� adentro.

__�Llegaste?__ dijo casi sorprendido

__Tem�a que no vinieras pero yo le dije que tu vendr�as�__ aseguro Jacinto

__La verdad es que dudaba si podr�as venir, sobre todo por tu madre, digo, para m�, debe ser un ni�ito de mami, pero veo que no�

__Lo que yo no sab�a era que iba a haber m�s invitados�__ dije al ver que se arrimaban a la conversaci�n dos hombres m�s.

__Bueno surgi� un imprevisto, ellos llegaron reci�n, los esper�bamos hasta dos d�as despu�s, pero nada, si te molesta, puedes marcharte, eres libre, aqu� no te sientas obligado� nada�__ dijo Fer

__No, esta bien Fer, no pasa nada�.

__Ellos son Orlando y Teo�__ dijo se�alando a Orlando un morocho de ancho pecho, se notaban los vellos que sobresal�an de su camisa desabrochada, como su barriga cervecera, tambi�n con pelos, no abundantes pero pelos al fin. Ten�a una nariz fina y delicada, ojos oscuros color negros, cejas abundantes y anchas, una mirada tierna y emp�tica. Teo era canoso, su pelo era gris pleno. Ojos claros. No muy alto, pecho normal, el estaba en cueros y con una lata de cerveza en la mano. Fer me invito a comer algo de la picada que estaban degustando. Estaba rodeado de hombres y eso me encantaba. Mi coraz�n lat�a, mi culito palpitaba. Mis pezones se endurec�an tanto o m�s que mi pijita. Las miradas de aquellos espec�menes de varones me com�an con la mirada, claro que Fer y Jacinto, que ya me conoc�an un poco, me acariciaban de vez en cuando por la cola, la espalda. Como quien no quiere la cosa. Yo suspiraba y me hacia el tonto, aunque me encantaba sentir esas caricias. Ellos estaban muy duros y excitados. Me daba cuenta de ello. Beb�a cerveza con ellos, me daban de sus mismas latas, se turnaban para acercarse a m�, y darme de beber en la boca.

__Tienes unos labios preciosos, sabias�__ dijo Jacinto

__�Quien sabe como har�n sentir esos labios? �dar�n placer? �recibir�n placer?__ comento Orlando

__�Qui�n sabe si Juani est� dispuesto a mostrarnos?__ atino a decir muy cachondo sob�ndose el garrote Jacinto, suspirando profundamente y besando atrevidamente mi cuello, me hizo largar un suspiro y ah� nomas pellizco mi culo enardecido.

����������� Fer por su lado y dando por hecho mi consentimiento, fue directo abajar mis bermudas de vestir y dejo aparecer mi tanguita metida en mi culo, le corri� el hilo que entraba a fondo en mi anillo y su lengua prontamente acabo dentro de mi orificio. Abri�ndolo, y metiendo su saliva dentro, haciendo que yo empezara a gemir brutal y emputecidamente, en tanto Jacinto ni lento ni perezoso se fue a comer mi pijita dura mis huevitos llenos de miel, los otros dos, Orlando y Teo ya hab�an sacado sus machetes apuntando al techo, hermosas, venosas, potentes, gruesas. Se apoyaron en el borde de la mesa donde estaba la picada, y me la ofrec�an, as� que hinc�ndome un poco m�s, m e met� aquellos garrotes en mi boca que se agrandaba descomunalmente, para comer una y luego otra y finalmente meter las dos. Si algo no imaginaba aquel d�a era tener a cuatro machos haci�ndome gozar como la m�s puta de todas.

Fer en un momento luego de haber agrandado mi ojete de manera impresionante o que al menos pocas veces lo hab�an logrado, tom�ndome de las caderas, hundi� su machete, haci�ndome babear, aullar, mover mi culo para sentir un poco m�s. Jacinto com�a sin detenerse mi pijita, chorreando su saliva por doquier, mientras yo segu�a tragando machetes furiosos.

__Ohhh que delicia de culo tienes Juani, es hermoso, ahhh, voy a acabar, voy a llenarte de leche, siii�__� Fer gru��a aferr�ndose en serio de mis caderas anchas y lujuriosas. Y largaba chorros impresionantes de leche en mi t�nel, ah� mismo yo llenaba la bocota tragona de Jacinto con mis propios fluidos y Orlando y Teo largaban en mi cara, mis labios, mi lengua, mi garganta trallazos de leche, l�quidos espesos y salobres, pero que yo saboreo perversamente. No tardaron un segundo, despu�s que Fer quito su garrote de mi ojete que largaba semen sin parar, los dos invitados me besaron la boca, saboreando cent�metro a cent�metro mi boca, chupaban mi lengua, en tanto Fer mord�a mi nuca con su bamboleante pedazo chocando contra mis nalgas. Jacinto poni�ndose de pie, me tomo de la mano.

__Ven que ahora me toca a mi� vamos cari�o, ven a la cama�__ lo segu� chorreando todav�a. Mi pijita ahora adormecida, pero no mis hormonas, muy calientes, tanto como Jacinto que llevaba su pedazo de carne duro y cabeceando. Nos tiramos en la cama, el comenz� a besar, morder y chupar mis pezones. Acariciar mi vientre lampi�o, tal como mis genitales y mi ojete caliente. Met�a un dedo dentro. Lo sacaba y me lo daba a comer, besaba mis labios, se hab�a apoderado de mi cuerpo por completo. Me la meti� de un saque. Abriendo un poco mas con su vara gruesa, la m�s gruesa de todas, no muy larga, pero ancha. Dura, potente, se abri� camino por mi t�nel. Haci�ndome lloriquear de gusto. Mi pijita prontamente se empez� a levantar.

__Ohhh cari�o que lindo culo tienes�que zorra linda eres, esa boca tuya es tremenda�__ mientras estaba de costado atravesado por el garrote de Jacinto, vino Fer y tir�ndose de frente a m�, me besaba la boca, la mord�a, gimiendo y gozando. Los potentes huevos de Jacinto golpeaban contra mis nalgas. Orlando y Teo miraban desde los bordes de la cama, babeantes, toc�ndose. Seguro hab�an deglutido una hermosa pastilla, porque sus poderosas espadas estaban alist�ndose furiosas nuevamente. En tanto Jacinto segu�a penetr�ndome resuelto. Pellizcando mis tetitas. Estaban duras, como mi pijita nerviosa. Fer beso mi vientre para luego meterse en la boca y tragar sin tapujos mi verguita afiebrada.

__Tu belleza es la juventud, mira como se te ha parado tan r�pido, estabas muy caliente putita�ohhh como se abre tu culo, me encanta, me gusta tanto sentirte, palpita cari�o, c�meme la verga, as� ahhh�__ gru��a Jacinto mientras iba y ven�a dentro de m�, a solo pasos de acabarme y llenarme de leche.

__Apres�rate Jacinto que queremos entrarle a esta zorrita, parece que le encanta la verga y vamos a d�rsela..__ comento ansioso Orlando. Jacinto empez� a aullar y a moverse hist�ricamente mientras largaba chorros de su jugo dentro de mi culito absorbente. Mordi� mis hombros y mi nuca. Jadeando como animal. Saco su machete blandengue y babeante. Se acerco Orlando casi con desesperaci�n. Hizo que girara mi cuerpo y le colocara las piernas sobre los hombros, y all� me entro sin pens�rselo hasta sus huevos grandes y gordos. Me part�a el culo, yendo y viniendo, Fer se puso de espaldas a Orlando y acercando su vergota a mi cara me la ofrendo para que la besara y lamiera, as� tambi�n como a sus bolas.

����������� Estaba en un mar de vergas y bolas y gemidos. Orlando apuraba las embestidas y largaba sus chorros de blanquecino semen en mi abertura cada vez m�s dilatada y llena de leche de macho. Mis quejidos y lloriqueaos de placer retumbaban en toda la caba�a. As� fue Teo quien tomo su lugar a todo esto no me daban respiro, mi sudor se mezclaba con el sudor de los otros machos. Teo clavo su pijota en mi ojete. Lance suspiros. Eso lo puso m�s loco a aquel hombre, que saco su vergota y la pon�a otra vez en mi agujero despatarrado como estaba y al punto del calambre, ped� si� pod�a bajar las piernas, porque ya no las sent�a el asinti� y me pidi� ponerme en cuatro a lo que acced�. Me penetro de una vez hasta el fondo, tom�ndome de las caderas, Fer se hab�a corrido y ahora entraba a mi boca de pie, para llenarme la garganta de su leche espesa, rica, deseada. Teo se vaci� como todos los otros hombres en mi t�nel abierto, me colmo de l�quidos que pronto rebalsaron mi anillo.

����������� Cuando llego la hora de irme, aunque pidieron que me quedara con ellos a pasar la noche, les promet� que nos ver�amos otra vez. Me trajeron al hotel Teo y Orlando era de madrugada y antes de llegar nos detuvimos en un paraje retirado que ellos conoc�an y me cogieron en el auto, de a uno a la vez, me hicieron acabar una vez mas ya hab�a perdido la cuenta. Estaba al borde del desmayo de tanto placer y lujuria.

����������� Al a�o siguiente regrese a san marcial, y por a�os fue mi lugar favorito para vacacionar, aunque esos machos me cogieron todas esas vacaciones no los volv� a ver jam�s, tuve otras aventuras y otros hombres pero a ellos no volv� a encontrarlos jam�s.-

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pocker123

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