Esta historia es la continuación de una narración con varias partes:
Las Refugiadas 1: https://www.todorelatos.com/relato/195640/
Las refugiadas 2: https://www.todorelatos.com/relato/203244/
Las refugiadas 3: https://www.todorelatos.com/relato/217388/
Y los capítulos de esta parte de la narración:
Las refugiadas 4ª parte: Creando el paraíso: https://www.todorelatos.com/relato/230688/
Las refugiadas 4 - Visita de Alfiya a Melanie: https://www.todorelatos.com/relato/232066/
Cuestión de grupo… sanguíneo: https://www.todorelatos.com/relato/233098/
Incorporaciones, más incorporaciones: https://www.todorelatos.com/relato/233375/
Confirmaciones y cambios: https://www.todorelatos.com/relato/237079/
Las refugiadas - Bienvenida de las Ponys: https://www.todorelatos.com/relato/237411/
Bienvenida a Rosa: https://www.todorelatos.com/relato/237503/
Joaquín y Elisabeta: https://www.todorelatos.com/relato/238030/
La verdad sobre Ester: https://www.todorelatos.com/relato/238647/
Regreso accidentado: https://www.todorelatos.com/relato/243175/
El castigo y la prueba: https://www.todorelatos.com/relato/243914/
Pruebas y acuerdos: https://www.todorelatos.com/relato/244096/
Entrega total: https://www.todorelatos.com/relato/245081/
Raquel Dalí Bence (primera parte): https://www.todorelatos.com/relato/245551/
Raquel Dalí Bence (segunda parte): https://www.todorelatos.com/relato/245963/
Raquel Dalí Bence (3ª parte): https://www.todorelatos.com/relato/246278/
Raquel Dalí Bence (4ª parte): https://www.todorelatos.com/relato/247098/
Raquel Dalí Bence (5ª parte): https://www.todorelatos.com/relato/247643/
Sandra y Mercedes: https://www.todorelatos.com/relato/248361/
Sandra Icardi Reyes: https://www.todorelatos.com/relato/249370/
Y ahora comencemos con la narración:
Pedro la había cortado tres veces la respiración con su gruesa y larga verga, ya que además había metido su capullo hasta llegar al esófago. En la tercera ella notó como no solo estaba más dura e hinchada, sino que presionaba los giros que la obligaba a hacer su garganta para ponerse recta. Indicó a Raquel que cambiasen posiciones y esta dejo de comerle el coño. Pedro se bajó de encima de ella.
Por enésima vez se arrepintió de no haberse afeitado. Llevaban varias semanas de intenso trabajo en las que ella y Pablo no habían podido coincidir para entrenar, que era cuando rasuraba la selva que se convertía su chocho cuando no lo cuidaba. Pero… Ella no era muy sociable. Aparte de la gente del trabajo o del gimnasio, apenas tenía relaciones con el resto. Varias veces que había tratado de ligar en algún local o por internet, con hombres había acabado mal. Se llevaba algo mejor con alguna mujer, suponía que por su educación, pero tampoco forzaba las situaciones con ellas. Si ni siquiera se rasuraba para su vídeos como Queen Claire en Only Fans por mucho que Natalia se lo pidiera. Alguna vez había entrado a mirar los comentarios y cuando se rasuraba tenia felicitaciones de sus simps aceptando que se había rasurado porque había follado. Y también muchos ofrecimientos. En una ocasión respondió a uno de estos llamando baboso al simp y diciéndole que nunca follaría con él, que si lo tuviese delante le daría una patada en los huevos. Él respondió con una foto polla de su micro pene y una propina de quintos euros, además de un «por favor sí». Ahora se lamentaba porque Pedro la estaba viendo y la iba a follar por primera vez y ella con toda su selva. Un total desastre. Se había fijado y todas las sumisas iban completamente depiladas.
Pedro la penetró de un envite, duro y fuerte, sin suavidad. Eso la llevó al primer orgasmo, uno que se había gestado en la excitación inesperada derivada de la falta de aire, o quizá de ver cumplida su fantasía de tener el pollón de Máster Brian en su garganta. Tuvo que recurrir a la poco concentración que la quedaba para inspirar y evitar perder el control. Aunque no pudo inspirar mucho porque la joven Raquel le taponó su boca con el coño y la nariz con su culo.
Sabía que si quería podía quitársela de encima, pesaba mucho menos que Pedro, pero a este no le gustaría. Trató de tomar aire, pero Raquel era muy efectiva taponando su boca y su nariz. Y los constantes envites de Pedro en su poco usada vagina, junto con el tamaño de miembro, mucho mayor que el de Pablo. Y además hacía más de mes y medio que no follaban. Le faltaba el aire, se movió, Raquel se elevó un poco, pero volvió a bajar sin dejarle inspirar. Notó que la falta de aire se convertía en excitación en su coño, pero aun así prefería respirar. Pero no podía. Estaba a punto de empujar a Raquel hacia fuera, se lo pensaba porque, aunque sus pulmones le dolían por la falta de aire, su coño enviaba las señales de estar a punto del clímax. Pedro estiró de los pelos de su pubis poniéndola al borde de la culminación. Raquel se levantó y ella inspiró a fondo concentrándose en controlar su orgasmo. Una inspiración, respiración profunda, inspiración, voluntad de llegar que se traduce en una culminación sin apenas emitir flujo, inspiración, respiración inspiración… que fue cortada de nuevo por Raquel taponado boca y nariz. Nunca ha sido multiorgásmica follando con un hombre. Tampoco con las mujeres, a menos que estas le hicieran daño. Y salvo Pablo; y ahora Pedro, Master Brian; nunca había dejado que un hombre le hiciese daño durante el sexo. Volvía a faltarle el aíre. No estaba midiendo el tiempo pero sus pulmones reclamaban con dolor tener aire nuevo. Presionó con sus dientes sobre el coño de la joven. Esta aguantó pese a que debía estar causándole dolor. La falta de aire y la presión sobre las paredes de su coño, así como la fricción la estaban llevando por segunda vez al límite. Pedro estiró nuevamente de sus pelos púbicos y una nueva punzada de dolor envió energía a su clítoris situándola la borde. Su boca fue liberada, aunque algunas gotas cayeron sobre su cara. «¿Se está corriendo Raquel —pensó Sandra—, pese que yo apenas he pasado la lengua por su coño?» una gota cayó cerca de la comisura de sus labios, sacó la lengua y se llevó el liquido a ella. Sabía metálico. La legua salió en la primera respiración y reentró en la segunda inspiración, que nuevamente fue cortada por la joven.
Esta vez Sandra sí trató de quitarse de encima a la joven, sus pulmones clamaban por oxigeno desde el primer momento pues no había acabado de llenarlos, ya que además había cortado la segunda inspiración en sus inicios. Pero sorprendentemente, cuando ella empujó la joven presionó hacia abajo con una increíble fuerza, para estar solo apoyada en su propio peso. Trató de quitársela de encima apretando los dientes contra su coño, con más fuerza que antes. Sabía que ella cumplía ordenes de Pedro, pero… «¿Hasta qué punto? —pensó Sandra—. Si ahogarla es cosa suya no aguantaría un mordisco en el coño, a menos, claro, que fuese tan masoca como ella». Apretó más sus dientes sobre el coño de la joven, pero esta aguantó. Se le acababa el tiempo; sus pulmones, que no habían tenido tiempo de recuperarse de la anterior interrupción, exigían aire enviando oleada de dolor al resto del cuerpo; su coño le dolía por la presión y fricción de la verga de Pedro y, sobre todo, la falta de aire le impedía concentrase en el control de su cuerpo, pues toda su educación había sido en base al control de la respiración. Pedro la pegó un nuevo tirón de pelos, esta vez algunos más que antes por o que el dolor fue intenso, después la golpeó en el estómago. No lo pudo controlar. Por primera vez desde sus primeras prácticas lésbicas con María Ángeles que no importa si quiere o no quiere, su cuerpo ganó. El orgasmo la arrasó completamente, mucho más fuerte que los primeros y mucho más fuerte que cualquiera de los que había sentido en toda su vida. Pero a la vez que el placer llenaba cada célula de su cuerpo y su mente, la anoxia apagaba su cerebro. «Merece la pena —fue el último pensamiento de Sandra—, morir por semejante orgasmo». Sandra perdió el sentido.
Pedro se sorprendió. Sandra se había corrido o eso esa su primera impresión pues aunque manó muchísimo flujo no lo hizo con fuerza y un chorro compacto, como una meada, sino a lo largo de todo el coño. Hizo la seña de emergencia leve a Raquel, al menos la que Olha le había enseñado y supuestamente trasmitido a Raquel. A continuación puso sus dedos índice y corazón en el muslo. Su corazón latía a toda velocidad, tal como marcaba la pantalla, por lo que de momento no pasaría a emergencia grave. Raquel aplicó la mascarilla de oxígeno sobre una desmayada Sandra, aunque su cuerpo aprecia seguir respondiendo a la tremenda follada. Sus músculos vaginales apretaban, aún con más fuerza, sin embargo, su pene se deslizaba más rápido en el interior de la guardaespaldas debido a la cantidad de liquido que surgía de su anatomía. Raquel comprobó que la saturación de Sandra ya llegaba a valores normales. Guardó la mascarilla en su caja y se acercó a Pedro.
—¿Tengo que seguir ahogándola —preguntó en un susurro—, Amo?
Pedro negó con la cabeza. Raquel se volvió a poner en posición, Se agachó peo sin llegar a cerrar la boca o nariz de Sandra.
—¡Ahora chupa! —ordenó Raquel seca como Pedro le había indicado—. ¡Venga Puta estúpida, que tienes que hacer que me corra! —Sandra se mostró remisa a hacerlo, no porque le disgustara comer un coño fresco como el de Raquel, sino porque esta la había ahogado. Raquel bajó un poco más y le tapó de nuevo la boca y nariz dejándola sin aire—. ¡Lame Puta estúpida, sin parar hasta que me corra o te vuelvo a dejar sin aire!
Era una jugada arriesgada: se había corrido, le podía haber gustado y la amenaza forzaría que tuviera que dejarla sin aire otra tanda, y no tenía el permiso del Amo. Por suerte, para Raquel, a Sandra no le había convencido del todo la experiencia y comenzó a pasar la lengua por su coño desde la propia mandíbula inferior buscando el clítoris de la joven hasta casi su nariz, llegando al perineo. Raquel se incorporó un poco dejándola respirar. Sandra aumentó el rito de su lengua pese a que la boca se le llenó el sabor metálico de la sangre que había causado con sus dientes.
Sandra se había corrido masiva y sorpresivamente antes de lo esperado. Pedro no había creído a Olha , cuando le enseñó los juguetitos que en su ausencia había comprado para enredar con los ahogamientos, que nadie podría disfrutar y excitarse con eso, pero pensó que sería posible usarlo para dar seguridad a algún video o emisión en directo de pajilleros que se masturbaban viendo vídeos de esas prácticas. Y, por supuesto, cuando la altiva y áspera Queen Claire, pues así se hacía llamar Sandra en Only Fans y otras webs, pensó que usarlo sería una buena forma de bajarle los humos en plan sexual. Además era una buena candidata para probar como iban pues Miroslava le había pedido permiso para usarlos con algún cliente en vivo. Sin embargo, la guardaespaldas le había demostrado que se podía disfrutar de ello, o al menos eso parecía. Hasta que no hablase con ella no estaría seguro.
Pedro bombeaba sin piedad. Ni para ella ni para él. El sudor le caía por toda la cara y sabía que tenía el pelo mojado. Si no hubiera sido por la cantidad de flujo que soltó al correrse ambos tendrían en ese momento la piel irritada. Pero él necesitaba más. Dudaba de si Sandra alcanzaría otro orgasmo o no, pero ella iba bien servida. Y el de Raquel no iba por su cuenta, sino por la de la guardaespaldas. Pero no empujaba tan fuerte y violentamente por la mujer; lo hacía porque necesitaba esa violencia para conseguir su propia culminación. Esta sería la quinta de la noche, antes estaban las tres del desvirgado oficial de Raquel y uno antes de la comida con Olha, que ya de por sí bastaría para dejar secos a muchos hombres incluso más jóvenes.
Pasaron quince minutos desde la riada orgásmica de Sandra hasta que Raquel se corrió en medio de agradecimientos e insultos a la mujer. Y como si ese tratamiento al excitase, la guardaespaldas lo hizo poco después apretando su verga hasta la casi estrangulación con las contracciones de su vagina. Esa fue la gota que permitió a Pedro descargar una exigua cantidad de semen para lo que era habitual en él, aunque en su defensa, lo habitual también era un solo polvo con una de las mujeres cada día y llevaba un fin de semana con tres el sábado, dos el domingo y, ahora cinco, que acabarían siendo seis, el lunes.
Una vez todos vaciados decidió que se duchasen juntos y después hablarían. Entraron los tres en la ducha de dos por dos metros y con múltiples chorros que Pedro activó. Mientras Sandra tomó la esponja, la llenó de jabón y empezó a frotarse.
—Dame a esponja —pidió Raquel entrando la última en la ducha—, puta estúpida.
—Las cosas se piden por favor —replicó Sandra—, además te la pasaré cuando acabe. Y no me llames eso que ya no te estoy lamiendo ahí.
—No entiendes nada —la increpó Raquel—, puta estúpida.
—Dale la esponja —intervino Pedro interponiéndose entre Sandra y el agua—, puta estúpida. Y después túmbate en el suelo del baño, apoya los puños cerrados y haz cien flexiones completas. Quiero que tus pezones queden a cinco centímetros del suelo cuando estés bajo, entonces cuentas quince y subes hasta extender los brazos. Y el cuerpo siempre recto.
—Perdón amo —respondió Sandra bajando la cabeza y tratando de avanzar mientras extendía el brazo para entregarle la esponja a la joven—… yo… yo no…
—¡Ahora! —subió el tono Pedro adelantando y paso y alejándola del agua.
Sandra salió de la ducha y se tendió en el suelo a hacer las flexiones según las indicaciones de Pedro, mientras Raquel tomó la esponja, la enjuagó y volvió a poner jabón en ella. Esperó a que Pedro se hubiese mojado y cuando él se situó fuera de la línea del agua empezó a enjabonarlo. Solo se mojó cuando lo requería la posición de enjabonar a Pedro. Sin embargo, él fue lo suficientemente hábil como para hacer que cuando terminó de pasarle la esponja ella estaba completamente mojada.
—Mientras me aclaro enjabónate tú —ordenó Pedro—, pero no te enjabones las tetas ni el coño.
—Gracias Amo.
Una vez terminó de enjuagarse Pedro vertió jabón en la mano y la pasó por al incipientes tetas de Raquel dejándolas todas llenas de jabón. Después hizo lo mismo con el coño, tras volverse a llenar la mano, haciendo que Raquel abriese las piernas y separando los labios para llegar con el jabón a todos sitios, incluso metió un par de dedos llenos de jabón en la vagina. Para terminar tomó la esponja de sus manos para frotarla por las zonas enjabonada. La dejó enjuagarse mientras la manoseaba y se enjuagaba él las manos. Cuando ambos estaban limpios y sin restos de jabón susurró órdenes a sus oídos.
Raquel se mojó de nuevo, en especial la cabeza, y salió de la ducha calzándose las zapatillas de rizo que estaban al lado de la esterilla. Se situó entre los brazos de Sandra cuando estaba arriba , un poco descentrada, obligándola a besar sus pies al bajar, o al menos a apoyar sus labios sobre el empeine derecho. Al subir la mujer Raquel dio un paso atrás y se inclinó situando su cabeza sobre la de la mujer. Tomó su pelo con ambas manos y lo escurrió sobre Sandra, que en esos momentos contaba la flexión sesenta y nueve. El agua cayó sobre la cabeza de la guardaespaldas mojándola en el pelo, lo que se añadía a la incomodidad por el jabón que cubría parte de su cuerpo, ya seco. Una vez escurrida la melena, la joven, se separó de la guardaespaldas y se encaminó al armario, de donde tomó toallas y unas zapatillas nuevas, al menos con bastante menos uso que las que ella usaba en ese momento. Volvió a la ducha y se arrodilló para secar los pies de Pedro. Antes de ponerle las zapatillas, besó ambos pies. Cambió de toalla, dejando la mojada de secar pies y piernas en el suelo, para secar los muslos, el sexo y los glúteos de Pedro. Besó la punta de su verga y ambas nalgas antes de hacer un nuevo cambio de toalla y secarle el tronco y los brazos. Besó ambos pezones antes de cambiar a la última toalla para secarle la cabeza.
Sandra había estado mirando de reojo lo que hacía Raquel y como se comportaba. Conforme esta se movía fue consciente de los fallos que había ido teniendo.
Pedro y Raquel salieron del baño hacia la habitación. Ella apenas se había secado un poco con las toallas mojadas de secar a Pedro; la cabeza, principalmente, con el objetivo de no mojar la habitación.
—Puta estúpida —ordenó Pedro cuando ella estaba bajo y había contado hasta ocho de la flexión ochenta y ocho—, no te levantes y avanza así hasta la habitación, si has recibido parte del entrenamiento militar de tu novio serás capaz. Además apoyas mal los pies.
Sandra resopló. Siempre se había arrastrado apoyando los codos, no con los brazos en posición de flexión. Le costó un poco moverse. Cuando llegó a la habitación tanto Pedro como Raquel estaban sentados en la cama.
—Te has movido —la riñó Pedro—, así que empieza a contar de nuevo. Y añade diez flexiones por no apoyar el pie de forma correcta.
Mientras Sandra realizaba sus ciento diez flexiones, Pedro y Raquel hablaban de la posibilidad de cederla a otro hombre y ella se mostraba contenta con ello. Terminó y se incorporó. Se dirigió hacia la ducha.
—¿Dónde vas puta estúpida? —preguntó Pedro al verla moverse.
—A la ducha amo —respondió Sandra.
—Has perdido ese derecho con tu actitud. Arrodíllate a los pies de la cama —ordenó Pedro. Ella lo hizo quedando tiesa sobre las rodillas, lo que, en parte, decepcionó a Pedro que esperaba también reñirla por una mala postura—. ¿Eres consciente de cuál ha sido tu fallo? ¿Ha visto cómo se comportaba Raquel?
—No Amo —replicó Sandra mintiendo a la segunda pregunta, pues temía que hubiese algo más de lo que ella había captado—, estaba muy ocupada haciendo flexiones.
—Para empezar —respondió Pedro—, tienes que asumir que si quieres ser mi esclava no eres nada. Y eso lo debes reflejar con tu actitud. —Pulsó el botón del intercomunicador—. Iris pon la escena de la ducha en la pantalla.
—Sí, Amo —respondió una voz distorsionada por el reproductor. El altavoz estaba para cambiar.
—Como eres amo —le salió a Sandra sin pensar—, si hasta has reconfigurado a Alexa…
Sandra se calló al ver la cara de Pedro, pero también al ver encenderse la televisión. Raquel empezó a reír y se acercó al oído de Pedro. Este también se rio. Esta mostraba el baño hacía unos minutos, cuando los tres entraron en la ducha. Pedro dejó que la escena se reprodujera completa hasta que salieron sin decir nada, entreteniéndose en meter mano a Raquel mientras esta le lamia la oreja.
—Sabes —habló Pedro afirmando una vez concluyó el vídeo—, que te has ganado un castigo por el tratamiento. Además al amanecer ya veremos que otros.
—Perdón Amo —suplicó Sandra aunque ni su tono ni su actitud eran de súplica—. Es la costumbre. Aceptaré cualquier castigo que me imponga por mi fallo.
—Ten por seguro que te lo impondré —replicó Pedro que tenía la impresión de que Sandra lo estaba tanteando—. Aunque no ahora porque podría interferir en el trabajo. —Sandra sonrió—. Pero para empezar relata lo que pasó en la ducha, antes de mandarte a hacer flexiones.
—Sí amo —aceptó Sandra—. Raquel me llamó eso que me molesta mucho…
—Tienes un problema —la interrumpió Pedro.
—Sí amo, lo sé, pero es la falta de costumbre de relaciones… de este tipo.
—Relaciones en las que follas —replicó Pedro—. ¿Jodes con alguien más aparte de Pablo?¿Con algún otro tío?
—No amo —contestó Sandra—. Con más hombres no lo hago. Solo con alguna mujer. Se me da mal relacionarme con hombre fuera del trabajo.
—Bien —aceptó Pedro y morreó a Raquel—. Ese es tu segundo problema, no el primero. Ahora dilo como corresponde , sin perífrasis, pronombres ni omisiones. Llamando a las cosas por su nombre.
—No entiendo.
—Graba Raquel —ordenó Pedro, la joven se movió y tomó un móvil apuntando a Sandra, esta se llevó un brazo a las tetas y la otra mano al coño—. Ahora separa las piernas. En esa posición, pero separando las rodillas un metro, y lleva tus manos a la nuca. —Sandra adoptó la posición mientras su rostro se sonrojaba—. Bien. Mientras no te diga otra cosa, cuando esté desnuda y te ordene descanso te pondrás en esa postura, esté quien esté delante. Y ahora te daré a elegir cuál de las tres frases quieres que te diga de ejemplo. Yo la diré y tú la repetirás a la cámara. Después dirás las otras dos. Y para que conste antes de cada frase, incluso de la de ejemplo dirás: «Soy una puta estúpida que no sabe follar y por eso digo mal:», y la frase a repetir. Elige entre la frase de la ducha, la que acabas de decir y por último la primera que has dicho cuando te he pedido que relates lo que pasó.
—Creo que esta última, Amo —pidió la guardaespaldas usando el tono correcto en el vocativo.
—Bien ahora te diré la frase —explicó Pedro—. Cuando acabe esperaras que baje la mano. Esa será mi orden para Raquel, para que empiece a grabar. —La joven paró el vídeo—. Contaras hasta quince, para estar seguros y dirás tu frase de inicio y repetirás la frase tal como yo te la diga. Raquel no parará el vídeo, pero cuando mueva la mano de un lado a otro retiras la frase de inicio y dirás, primero la de la ducha, esperaras a que vuelva a mover la mano y repetirás la de inicio y comenzaras el relato. No solo la primera frase. Todo lo que te he pedido que digas y no has contado.
»¿Has entendido?
—Sí, Amo —aceptó Sandra y bajó la cara completamente roja—. Lo he entendido.
—Bien. No hables a partir de ahora más que para decir lo que debes. La frase correcta es: «Con más tíos no follo. Solo jodo con alguna puta, como yo. Se me da mal buscar a tíos para chingar fuera del trabajo». ¿Entendido? —Sandra asintió con la cabeza—. Bien, preparaos.
Pedro Bajó la mano y Raquel comenzó al grabación. Sandra con la cara roja contó hasta quince.
—Soy una pu… pu… puta... estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: Con más tíos no fo… fo… follo. —cada vez estaba más roja, al borde de la congestión—. Solo jo… jo… jodo... con alguna pu… pu… puta estúpida, como yo. Se me da mal buscar a tíos para chi… chin… chingar. Fuera del trabajo.
Pedro sonreía. Sandra estaba al borde del colapso. Pedro movió la mano de derecha a izquierda.
—Perdón , Amo —dijo Sandra que aún estaba tratando de respirar—. ¿Cuál va ahora?
—La de la ducha —indicó Pedro—, pero ten en cuenta que te has ganado otro castigo.
—Soy una pu… pu… puta... estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: ¿Dame la esponja?
—Esa no. tu respuesta. Y con este llevas tres castigos. Vuelve a empezar por tu introducción.
—Lo siento, Amo, aceptaré cualquier castigo que tenga a bien imponerme.
»Soy una pu… puta... estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: ¿Pídemelo por favor? —Pedro hizo un gesto para que continuase y Sandra parece que captó la frase. El rojo de sus mejillas volvió a aumentar—. No me llames… pu… puta. Estúpida que no te estoy comiendo el co… co… coño.
—Bien, vas captando la idea —aceptó Pedro—. Ahora te falta hacerlo sin cacarear. A ver si lo consigues en la narración. Pero tranquila, aunque cacarees, si dices lo que toca, no habrá castigo.
—Gracias amo.
»Soy una pu… puta... estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: Raquel me llamó puta estúpida, lo cual me molesta mucho porque en mi educación esas palabras estaban proscritas. También me cuesta hablar todo los que se relaciona con el se… sexo.
»Mis padres —continuó la guardaespaldas—, son cristianos Tomistas Pentecostales…
—¿Un grupo protestante? —la interrumpió Pedro.
—No, amo. Aunque el nombre lo parece —respondió Sandra—. Son parte de la Iglesia Católica, aunque por el nombre, y algunas de sus prácticas, muchos piensan que no.
»Por lo que me contaron de pequeña el grupo desciende de los cristianos que adoctrinó el Apóstol Santo Tomas en la diáspora de los Apóstoles después de Pentecostés. Su sede está en la región India de Kerala.
»Empezaron a llamarse Pentecostales en el siglo XV o XVI, con la llegada de los portugueses a la India, que es cuando puede decirse que retornaron a la Iglesia Católica, pues hasta entonces habían estado aislados y sin contacto con el Mediterráneo. El único intento, según me contaron fue una expedición hacia Tierra Santa, en el siglo XII, cuando llegaron noticias de la existencia de un reino cristiano en la Ciudad de Jerusalén. Pero esa expedición nunca retornó. La que sí lo hizo fue la que en el siglo XVI viajó con exploradores portugueses de retorno a Portugal y luego desde Lisboa a Roma. En el periodo de diez años, más o menos, que estuvieron fuera negociaron con el Papa León X mantener sus particularidades a cambio del reconocimiento e integración en la Iglesia de Occidente. Y así siguieron. Principalmente en lugares alejados, donde no molestaron demasiado, y en pequeñas comunidades, en occidente, que pese a sus peculiaridades aceptaban el dominio y primacía del obispo, lo cual es más que otras órdenes, como en su día los Templarios, los Jesuitas, el Opus…
»El caso es que si bien en otros aspectos se alejan de la Iglesia Católica, en el caso del sexo, no. A mí me educaron con la norma de no decir ciertas palabras que eran sucias, con el uso de pronombres y circunloquios para ciertos actos, incluso los más inocentes como mear… y, por supuesto con que «Hacer ESO con los chicos es malo» —hizo el gesto de las comillas—, «una chica no podía estar a solas con un chico» o «Lleva cuidado con los chicos, incluso los de la comunidad, porque pueden meterte eso y hacerte un bebe».
»Mi madre se escandalizó cuando a esa última frase suya, replique preguntando si incluso mis hermanos. Tengo cinco hermanos mayores y uno menor, así como dos hermanas mayores y otras tantas menores. Sí —añadió ante la cara de asombro de los dos—, soy la octava hija de un total de once.
—Así se explica tu carácter combativo —comento Pedro—. Pues con lo que cuentas, seguro que no es por educación.
—Ni tampoco por mis hermanos —replicó Sandra—, ellos eran muy modositos. Ni se peleaban ni hablaban de cosas sucias… Perdón Amo, de seeeexo. Incluso para describir lo que es pecado se hacía sin decirlo. Al menos en el seeexo, porque la violencia estaba prohibida, de todo tipo y sin vergüenza en referirse a ella siempre que fuese para decir que no se hacía. Esa es otra de las peculiaridades de los Tomistas, o quizá deba decir que lo era: en un tiempo pasado, cuando la Iglesia tenía un estado real y los ejércitos papales se movían por media Italia, ellos predicaban la paz y la mansedumbre. Y eso me valió mi primer gran castigo, pero también mi mayor autoconocimiento.